En un mundo donde todos queremos ser modernos y eficientes, intentamos reducir el pensamiento a un proceso de entrada y salida de datos, como si de un ordenador se tratara. Cuando hablo de un pensamiento de derecha y de izquierda, hago referencia a los que consideran la parte izquierda del cerebro como la zona de procesamiento analítico de datos en contraposición a la parte derecha, como zona de tratamiento intuitivo y de visión global del mundo. En mi opinión, esta presentación del pensamiento y forma de ver el mundo, no podría estar más equivocada: el cerebro funciona como una gran cooperativa en la que todas las partes ejecutan procesos paralelos, cooperando en la realización de una comprensión del mundo. Cuanto más conocemos del funcionamiento del cerebro, más nos alejamos del concepto que defienden los fisicistas, y la misma física deja de tener importancia como ciencia, es decir, como herramienta para el conocimiento científico. Hacen falta otras metodologías, así como otras estructuras de conocimiento, que no el físico, para entender el comportamiento de una célula o mismo de un sistema nervioso.

El cerebro no se constituye tan sólo como un proceso químico y físico de entrada y salida de señales reduccionistas de datos. En él está una imagen del mundo y es él el instrumento que utilizamos para ordenar e interrelacionar el modus subjetivo con el modus social.
Cuando preguntamos a la Ciencia sobre el Hombre, está implícita en esa pregunta la existencia de dos hombres: un Hombre interno y un Hombre externo. Aunque conformen una unidad a la que llamamos Hombre, el Hombre interno es el que se conoce a sí mismo, muchas veces de forma inconsciente; el Hombre externo es el que podemos estudiar, y es objeto de ciencias como la psicología o la sociología. Sólo tenemos acceso al Hombre externo porque comunica y el objeto del conocimiento del Hombre está en el estudio de lo que comunica.
El Hombre fisiológico es relativamente interesante; su aspecto formal, objeto de estudio de los neurologistas, nos da como resultado una actividad semejante a cualquier otro organismo vivo. La diferencia es que el Hombre consigue organizar para sí mismo, a través del pensamiento y del lenguaje, un ordenamiento de la realidad a la que llamamos Mundo.
Cuando compartimos nuestra visión de la realidad del mundo con otros, es decir, cuando creamos una realidad grupal fuera de nosotros y nos reunimos a su alrededor, hemos construido una sociedad. Nos queda el interrogante de si esa realidad que compartimos, no es el compartir de una alucinación colectiva, quedando la cuestión de cuál de las muchas alucinaciones colectivas está más cercana a la realidad.
¿Es el Hombre resultado y rey de la evolución de las especies? Ser resultado de la evolución de las especies implicaría que, efectivamente, todos los organismos son susceptibles de evolucionar; lo que no es verdad. El mismo C. Darwin lo expresa en esta frase: “… Estoy profundamente decepcionado, pues cualquiera se permite presuponer que la selección natural es el único medio con el que trabaja la evolución, aunque yo jamás dije tal cosa.” Es que sabemos que somos distintos, que hemos evolucionado, lo que no implica que seamos el resultado de una selección natural. Existen algunas especies que viven entre nosotros que no han evolucionado ni se han adaptado, presentando la misma forma que tenían hace tres mil millones de años. Es que la vida, en cuanto organismo, toma decisiones, y algunos resisten a la necesidad de evolucionar o adaptarse; así que el Hombre, que tiene capacidad de intervención en su entorno, puede decidir entre adaptarse, evolucionar o no hacerlo, optando por adaptar el entorno a él.
Las enfermedades no son tan solo una respuesta a un ataque exterior al que no somos inmunes; muchas veces son el reflejo de las relaciones sociales. Me atrevería a afirmar que la gran mayoría de las nuevas enfermedades de las que hablamos actualmente, son de características psico-somáticas, el reflejo de la inadecuación a una sociedad en proceso de ruptura de valores, que resulta posteriormente en anomalías disfuncionales a nivel celular en que el cuerpo, como organismo vivo pero social, no se consigue adaptar ni evoluciona a la misma velocidad que la estructura social.
Constituiría un escándalo afirmar que el SIDA es una enfermedad social, pero constatamos que interacciona con el comportamiento del individuo en sociedad. La expansión de la enfermedad es resultado del contacto sexual entre individuos y de una contaminación entre miembros de un determinado grupo social, como la familia, determinando su comportamiento en sociedad. Así que enfermedades que nos parecen, inicialmente, absolutamente fisiológicas, resultan ser, en su origen y en su evolución, enfermedades sociales. En distintos momentos de la historia, han surgido enfermedades con estas características, pandemias virales, que se extendieron como resultado de prácticas sociales y como usos y costumbres: el SIDA hoy y la peste en la Edad Media, resultan de un comportamiento social.
La organización celular y la organización social, no viven vidas separadas, o mejor dicho, se interrelacionan e interactúan entre ellas; el aparecimiento de nuevas enfermedades va al mismo ritmo que el surgimiento de nuevos valores y nuevas realidades sociales. Esto lo podemos constatar haciendo un paralelismo entre la historia socio-política-cultural y la historia de las enfermedades (el aparecimiento de nuevas enfermedades en momentos específicos de la historia). De este paralelismo podemos decir que en cada momento en que la sociedad está en el umbral de la ruptura de valores, surgen enfermedades que le acompañan: en el final de la Edad Media, acompañando el surgimiento del Renacimiento, aparece la peste, y hoy en día, en la crisis de valores que vivimos (el fin del capitalismo y del comunismo) aparecen enfermedades pandémicas acompañando el cambio social emergente.
En el S.XXI nos encontramos frente a un paradigma del conocimiento: cada vez tenemos más conocimientos del Hombre a nivel fisiológico, genético… utilizando las herramientas y las ciencias como la física y la química, y nos estamos olvidando de que el Hombre es Hombre por ser social (vivir en sociedad), y que en el momento presente vivimos una crisis de valores sociales que se reflejan en enfermedades sociales con sintomatología somática.
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